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1ª Feria del Sánguche

El pasado jueves 15 de diciembre comenzó la primera Feria del Sánguche en el Parque Araucano y nosotros nos las arreglamos para ir a dar una vuelta justo a la hora de almuerzo. El evento termina mañana, domingo 18 de diciembre y ayer, viernes, fue el día del sánguche. Si bien lo ideal hubiera sido poder asistir para el día del sánguche, resulta que nuestra agenda no daba con el tiempo para poder calzar con eso. De todas formas, las promos u ofertas que se dieron para tal evento no me parecieron tan impresionantes: dos rangos de 1 hora donde los sánguches costaban luca (en vez de 2 ó 3). Ahí nomás la cosa.

Tuvimos una odisea no tan compleja para llegar, porque buscamos cómo llegar de la forma más cómoda y terminamos tomando el metro hasta Escuela Militar para después salir a caminar por el lado Escuela Militar, hasta que pasó la micro milagrosa que nos dejó un poquito más allá, en destino.

Según comentábamos después, este ha sido el evento o lugar donde más plata hemos gastado sólo por estar ahí. No sé si eso sea bueno en general, pero yo creo que es algo malo.

Las cosas buenas

Como criticar lo malo es más fácil, vamos por la parte difícil antes. Entre las cosas buenas está el ambiente, la producción del evento. Aunque se notaba que no era un evento tan abierto o que buscaba juntar a la población de todas las clases sociales en un lugar, el evento creo que cumple con las expectativas de los asistentes.

Pusieron hartas sillas y mesas, por lo menos suficientes para la cantidad de visitantes que vimos durante el tiempo que allí estuvimos. Además, entre tantos árboles, sombra había para la mayoría. Habían unos cojines de La Tercera pa’ sentarse casi-en-el-pasto (nosotros nos tiramos en el pasto nomás). La variedad igual es algo importante y, entre lo que probamos, se notó. Rico todo, pero diferente.

Para entretener a los niños chicos, habían algunos juegos. Así los adultos podían masticar con un poco más de tranquilidad. Aunque, casi-obviamente, estos juegos estaban plagados de publicidad de marcas que no mencionaremos.

Dentro de los expositores también hay puestos de cerveza artesanal. Para canjear productos de esa línea, sin embargo, había que comprar otro tipo de ticket. Valen lo mismo, de todas formas.

Lo malo

Desde que leí la descripción del evento, un par de semanas antes de que ocurriese, se hablaba de que los sánguches no serían monstruosas construcciones, sino que estarían pensados para que el visitante pudiese probar más (también conocido como “comprar más”), con eso ya dicho, se asume que los precios no serían tan altos, pero con las dos lucas que uno ya pagó, deberían haber tenido más promociones de, no sé, por decir algo: 2 por 3 tickets. Algo así. Estoy seguro que ni con algo así se hubieran ido a pérdida. Después de todo, faltó poco para que el manifiesto del evento conectara a la sociedad chilena como seres que viven gracias a los diferentes tipos de sandwiches traídos desde el paraíso.

Espero que se saquen hartas conclusiones de este evento, para que el próximo mejore en varios aspectos.

El color del toldo

Me da lo mismo si el naranjo produce algo relacionado a consumir o comer, lo claro es que no ayuda a las fotos y da lata cuando uno debe mover muchas palanquitas para que una foto quede bien… o uno satisfecho con el resultado. Fue mala la mezcla del sol con ese color.

Lo comido

Como parte de la experiencia completa, nos sacrificamos para consumir y de eso sacar opiniones. Lo comido fue:

  • Un Cuatro Quesos del Planchados.
  • Un Bull del PZ
  • Un Seminario del Docetrece

Del primero no hay fotos, pero…

Fue un buen almuerzo.

Galería de fotos

Como siempre, tenemos fotos como para lograr una mejor contextualización del lector:



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